Autor | Alberto Mateos

Si estás navegando por esta web es probable que ya me conozcas, aunque sea de vista. No obstante, al ser éste un sitio personal, me parecía oportuno presentarme y eso que me siento más cómodo detrás de la cámara. De hecho, no sé si pondré alguna fotografía mía por aquí.

Voy a explicarte el sentido de este espacio, resumiéndolo en los tres principales motivos por los que la Semana Santa llama mi atención. El primero es que me gusta captar las emociones auténticas y, por eso, soy un fotógrafo de retratos durante todo el año. Esto no es Andalucía, en Cáceres la procesión -nunca mejor dicho- va por dentro. No es fácil reflejar las emociones, pero están ahí, se palpan. Más aún si conoces algunas de esas historias de pérdida o esperanza, que a lo largo de unos días afloran con fuerza. Bajo cada costal, tras cada paso o golpe de horquilla hay mucho más. De ahí la preceptiva contradicción cofrade de vivir con alegría la Pasión y con nostalgia la Resurrección.

Otra razón de peso para mí está en plasmar un fenómeno popular de una gran profundidad antropológica. Me parece insólito que, en este mundo individualista y desapasionado, miles de entusiastas se unan con un fin común, sin hacer distinción por cuestiones de origen, raza o edad, dejando de lado clases sociales que iguala una simple túnica. Nadie sobra y tienes permiso para llamar hermano a un amigo. Pero lo excepcional no acaba aquí, pues la Semana Santa es un torrente incontenible para los diques racionalistas que ponen cerco a nuestra percepción. Son unos días con licencia -no quedaba otra- para mirar al cielo, en esta celebración de la vida.

Y qué decir de Cáceres. Obviamente, tenía que ser el tercer motivo. La Semana Santa supone la oportunidad de adentrarse en la cultura de esta ciudad medieval. Es un viaje por un arte imaginero que va del gótico y el barroco, pasando por el renacimiento. De la escuela andaluza a la castellana. Es redescubrir una ciudad que despierta de su letargo cada primavera, reencontrándose comunitariamente con sus raíces, en un escenario -literalmente- de cine. Sólo que esto es real. Ningún actor o figurante podría plasmar la esencia de la fe que refleja el rostro de cualquiera de las mujeres que camina tras el Nazareno con una sencilla vela, ni la genuina emoción de un rudo hermano de carga o la ilusión de un niño.

No pretendo ser objetivo, pero dudo que alguna ciudad supere la belleza de un amanecer en el Adarve. Junto a la muralla, quizá con un arco o una torre de fondo, del Nazareno a las Angustias, la luz aumenta a cada minuto y eso me obliga a cambiar constantemente la velocidad de obturación y el ISO, mientras el silencio de la Madrugada me envuelve. Si la fotografía es siempre una experiencia, ésta es difícilmente mejorable.

La presentación ha quedado algo extensa y eso que no he hablado mucho de mí. He preferido centrarme en el significado de este sitio, porque lo que aquí se muestra sólo es mi historia en parte. Tal vez también sea la tuya, la de algún conocido o simplemente sientas curiosidad por los contenidos de esta web. Así es que te dejo con ellos, con esta mirada a Cáceres y a su Semana Santa desde el objetivo de un cofrade.